PARTICULARIDADES DEL MEDIOCRE E IDEALISTA SEGÚN JOSÉ INGENIEROS

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PARTICULARIDADES DEL MEDIOCRE E IDEALISTA SEGÚN JOSÉ INGENIEROS
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Con frecuencia te has preguntado qué es lo que hace que una persona alcance sus metas, ¿Por qué ellos parecen estar predestinados al éxito y hay otros que no?, o simplemente anhelaste aquello que alguien cercano a ti logró. Es un hecho que en la sociedad existen individuos capaces de marcar su propio sendero, de abrir sus propias puertas y de empoderarse e imaginar cosas que otros no pueden, o simplemente no quieren imaginar.

El sociólogo y medico José Ingenieros da varios alcances sobre el tema en su libro “El hombre mediocre”, publicado en el año 1913. En el desarrollo del libro el autor hace distinciones entre dos tipos de seres humanos, el hombre mediocre y el hombre idealista.

El hombre mediocre, dice el autor, está en un interminable camino de conformismo, de status quo mental; prefiere evitarse la molestia de pensar y opta por transferir esa fastidiosa labor a otro. “Es un ser producto de las costumbres, desprovisto de fantasía, ordenado por todas las virtudes de la mediocridad”. No es entonces razón de asombro saber que “el hombre mediocre” no posee una autonomía genuina, sino que por lo contrario se trata de un ser pasivo que crece obedeciendo a los medios, es decir que es una persona que no tiene voz, sino que es eco.

Esta postura tan escasa de actividad vital que exhibe sin remordimientos “el hombre mediocre”, es ampliamente descrita por Guillermo Sartori en su libro “Homovidens, la sociedad teledirigida”. Sin embargo, existen puntos de discrepancia entre ambos sociólogos que son importantes de rescatar con la finalidad de enriquecer este texto.

Mientras que Sartori afirmaba que la televisión y los medios de comunicación en general son una herramienta peligrosa que ha suplantado a los padres, que aliena y quita al receptor la facultad de cuestionar el mensaje. José Ingenieros responsabiliza de esta conducta al propio individuo, pues ha permitido que la proa visionaria hacia la estrella se detenga, ha recogido sus alas, dejó de rebelarse ante la mediocridad, perdió ese resorte misterioso, dejó de custodiar sus ideales y permitió que ese fuego se apague, que muera para quedar inerte.

Para José Ingenieros la etapa del ser humano en la que se desarrolla una actitud idealista es en la juventud, es la etapa del soñador, del visionario, es la etapa en la que se quiere cambiar el mundo. “Se aferran a sus metas, aunque la razón no los favorezca, construyen sus ideales sin conceder nada a la realidad”, se afirma en el libro. Sin embargo, no es raro encontrarse con un anciano con juventud idealista o, aún más común, con un joven al que se le extinguió la llama visionaria, ya que aquel que ha perdido ese fuego se perdió a sí mismo.

Miguel Ángel cornejo, escritor y famoso conferencista, se refiere a la mediocridad como “la peste social” de la cual todos deberían huir. La conducta de un mediocre es la de un eterno limosnero que insaciable de su condición piensa que es responsabilidad de los demás mantenerlo. Además de poseer una actitud de resentimiento por aquellos que tienen más que él. El resentido no quiere lo que tienes, quiere que lo pierdas. Es entonces una actitud toxica motivada por el desconocimiento o, aún peor, por el conformismo.

Aunque durante toda la obra Ingenieros hace diferencias de diferentes índoles sobre el hombre mediocre y el hombre idealista no es tan radical al calificarlos como Miguel Ángel Cornejo. Si bien es cierto ambos escritores coinciden en que el hombre mediocre es envidioso y esta rodeado de ciertos deseos maliciosos al sentirse superado, Ingenieros piensa que es necesaria la presencia de ambos. Es decir, en la sociedad son tan necesarias las personas visionarias e idealistas que sepan movilizar masas como las personas que los siguen, los mismos que jugarán un rol complementario.

Desde mi punto de vista, el mediocre no es un animal social, es un animal con dependencia social. Necesita estar en grupo para sentirse respaldado, no puede ejercer una opinión, ni mucho menos defender una postura si esta va en contra de lo que piensan los demás. No importa cuál sea su opinión, si el grupo acoge una postura diferente a la suya se moldeará para encajar, su virtud es pensar con la cabeza ajena.

Convenientemente, esta actitud característica de un ser mediocre coexiste con la teoría de la espiral del silencio de Elizabeth Noelle Neumann, la cual reafirma que un ser sin autoestima no es capaz de mantener o sustentar una postura, pues le resulta más conveniente suprimirla y adaptarse al grupo mayoritario.

El hombre mediocre es un riesgo para la sociedad y para su desarrollo. En una sociedad se necesita el aporte intelectual de todos pero la incapacidad para generar una percepción genuina retrocedería el proceso, los hombres mediocres tienen un riesgo en común: la incapacidad de concebir una perfección y formarse un ideal.

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