LA VENGANZA DEL NAHUAL

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LA VENGANZA DEL NAHUAL
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Anunciamos a todos nuestros lectores la materialización de una alianza estratégica entre la plataforma periodística SomosMass99 de México y la revista internacional MIR basada en la propalación regular de materiales periodísticos de corte cultural, medioambiental, social y científico.

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Iniciamos la publicación de artículos seleccionados con un relato del escritor Víctor Hugo Pérez Nieto titulado “La venganza del nahual”.

Quisiera tirarme a escribir sobre un cerezo, un guayacán, un framboyán o de aquellos árboles floreados que de tan hermosos puras poesías inspiran. Pero en mi tierra no hay de esos, entonces me siento en un huizache de cuyas sombras sólo salen verdades. Verdades tan ciertas, unas inverosímiles y otras duras como los pedruscos donde crece el árbol y entierran al hombre. Cada quien, cuando nace, tiene ya metido en el alma el espíritu de una bestia que lo protegerá y será su guía para toda la vida. Algunos, incluso, pueden tomar la forma de su animal tutelar. Ese heteromorfismo es exclusivo de experimentados nigromantes; la capacidad se adquiere generalmente por herencia.

Me dicen el nahual desde antes de haberme robado a mi primera mujer, aquella que parecía hipopótamo y murió ahogada mientras lavaba en el río. La segunda sólo confirmó mi apodo, era una bestia enfurecida que me llevé nada más para que me echara las tortillas cuando quedé viudo, pero me salió malo el tiro porque pa’pronto pusieron una tortillería en el pueblo y las mujeres dejaron de usar fogón. Y yo todavía con esa mula acelarada que soltaba patadas en cuanto me le acercaba. Por más que quise devolverla, ni sus padres me la recibieron de vuelta, y como los nahuales tienen fama de cargar con puros animales mi apodo se extendió por tan bien acomodado. Pero ansina me pusieron desde que tengo uso de razón. Cuando nací tuve un gemelo. A mí me tiraron pensando que era la placenta, hasta que se dieron cuenta que la placenta se movía. Era yo el que pataleaba y, al hurgar, la comadrona me encontró dentro de los desechos del parto. Naiden me recibió, ni me limpió el hocico ni las narices para que resollara. Pero ni falta que hizo, en cuanto me sacaron solté el berrido.

La verdad es que desde pequeño fui poco agraciado, de un color terregoso y cabellos espinudos que me llegaban hasta las cejas despojándome de frente. En cambio, mi gemelo, era un bebé hermoso, como si se lo hubiesen robado de la iglesia de Santa Prisca. Parecía sacado de un retablo de querubines. La verdad es que la única ventaja que tuve para que no me tiraran es que fuimos cuates, de lo contrario mi papá y mis hermanas hubieran alegado que yo no era de la familia, o por lo menos que era de otro hombre, seguro de algún indio chichimeca que trabajaba para la hacienda. Luego, alguien dijo que tal vez era el hijo del nahual, ese que se escabulle de noche en los cuartos de las muchachas bonitas en forma de algún animal y era esa la razón por la que yo no me parecía a naiden de la familia. Nunca se pudo comprobar, mi mamá murió en el parto.

Por eso para mi gemelo fue toda la atención desde que nacimos. Me lo asean y me lo cambian -decía mi padre a mis hermanas-, ahí el nahual que agarre de lo que encuentre, el probecito no nació preparado para esta vida con esa fealdad. Pero igual que cuando nací, yo sobreviví porque el más desprotegido tiene como única arma la voluntad que le falta al que cuenta con todo. La voluntad del desprotegido es lo único que lo afianza al mundo. En cambio mi cuate, acostumbrado a lo bueno, en cuanto cayó una nevada quedó tieso. Era tan bello que a él lo perfumaban y lo vestían. A mí no me hacían caso por feo. Una tarde, después que heló, lo bañaron y lo cambiaron como de costumbre luego de una friega con colonia, pero cogió frío en el pulmón con la encuerada y se murió. Entonces me quedé yo como el único varón de la familia. Si ese día me hubieran bañado, también me les muero de pulmonía. Creo que mi repulsividad fue beneficiosa por primera vez en la vida.

Pero pa’feo no se estudia y yo me gradué cuando quedé renco de la pata izquierda. Todo fue causa de mi anterior suegra, doña Eustoquia, quien me convidó en su casa una jarra de pulque. Yo andaba quedando bien con la gorda Micaila, por eso sudé frío cuando sentí los primeros crujidos de tripas. ¡Traibas calor en la panza y el pulque estaba tierno, muchacho!, me dijo la que fue mi suegra antes de que yo saliera corriendo con un retortijón de muerte en la panza. Estábamos en un páramo desértico y el único parapeto que habían eran unas zahúrdas de cerdo a treinta metros a las cuales corrí con apuración y me trepé en una de las bardas del chiquero, desde donde eché el cuerpo de aguilita y me puse a hacer caca. Nomás me trompeteaban en el trasero los puercos, quienes se peleaban mis desechos. Ahí fue cuando un enorme semental me lastimó el nervio ciático al alcanzarme a zampar una mordida en la nalga izquierda. Yo pegué de gritos porque el torvo animal no me soltó hasta que me hizo caer dentro de la enlodada pocilga. Cuando escucharon mis alaridos llegaron las mujeres, y unas risotadas que pegaba la pinche gorda que nunca se lo perdoné. Yo creo que ese día la maldije hasta que me cansé y por eso se murió al poquito que me la llevé a mi casa sin la bendición de dios ni de su ma. Desde entonces me quedó engarabatada toda la pierna izquierda, con el pie caído y torcido hacia dentro.

Cuando la gorda Micaila apareció flotando en un vado, quesque le dio un ataque y cayó al agua, se me atravesó en los ojos la Tomasa, que no era mal parecida sino todo lo contrario. Pero todo lo que tenía de bonita lo tenía de zalamera. Hoy le doy gracias a mi señor porque sólo la fealdad me pudo librar de esta segunda mujer, que ya no aguantó verme todas las mañanas en el desayuno. Era más seductora que Dalila, pero mala como Jezabel, aquella asesina de los poetas. Estoy como pegarle a Cristo, verdad de dios que sí, pero este aspecto volvió a ser mi bendición. Horrible y cojo, la Tomasa me dejó por mi compadre Juan. Pensaban que no sabía lo que se traían, pero nomás me hice tarugo y los dejé seguir a pesar que otra mujer más chula no me volvería a encontrar. Ni siquiera tuve que darle veintiuinilla para quitármela de encima. ¿Que si la pelié?, ¡Válgame Dios! Si dejarle a mi compadre a aquel hermoso animal para toda la vida será la mejor venganza del nahual. Por primera vez no tuve que usar mis poderes. Él solito se lo buscó.

Victor Hugo Pérez Nieto nació en Acámbaro, Guanajuato, en 1973. Médico egresado de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, con especialidad en ortopedia y traumatología. Narrador, entre sus publicaciones se encuentran: Tesoros de México (2011), editorial Trafford, y La Noche de los Orfelunios (2012), editorial Palibrio. Fue ganador del XV Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia con la novela Feralis, publicada por editorial La Rana (2013) y Ediciones Oblicuas de Barcelona España (2014). Durante estos últimos tres años dio a conocer, a través de editorial Puente de Piedra, Del Chiquistriquis y Otros Demonios I y II, con cuentos breves de su autoría divulgados en periódicos, antologías, blogs y revistas literarias; así como la antología narrativa de escritores guanajuatenses compilada en Tintas de Lerma I (2014), editorial Palibrio.

Su obra ha sido también acogida en libros y revistas literarias. Entre los más destacados se encuentran Alebrije de Palabras (2013), de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Ríspida Introspección (2013), Alja ediciones; revista literaria Catarsis, de Ciudad Victoria, Tamaulipas; La Trinca del Cuento, del Sol de Irapuato; Diezmo de Palabras, del Sol del Bajío; Criaturas Supersticiosas (2015), Alja ediciones. Fue finalista con mención honorífica del jurado en el I Certamen de Microrrelatos de Amor no Correspondido, que convocó la editorial Las Letras Como Espada, de España (marzo 2015). Sus últimas participaciones fueron en las antologías: Ecos del Nido, editada por Municipio Libre de Jerécuaro, Guanajuato, y Los Pueblos del Rincón, editada por el municipio de San Francisco del Rincón, Guanajuato, ambas en junio (2015).

Artículo original publicado en SomosMass99

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