LA IMPORTANCIA DE LA QUINA DESDE SUS ORÍGENES

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¿En alguna ocasión te causó curiosidad aquel árbol que aparece en el escudo nacional del Perú? ¿Qué es? ¿Qué simboliza? o ¿Qué relevancia tiene para que aparezca ahí?; muchas personas piensan que no es más que un símbolo que representa nuestra gran diversidad de flora, sin embargo esta deducción superficial ha llevado a un desinterés que deja en el olvido la relevancia que tuvo el árbol de la Quina.

La historia del descubrimiento de las propiedades curativas del árbol de la quina se remonta al S.XVII, durante el Virreinato, cuando llegaron los europeos que portaban la fiebre de la malaria al Perú. Esta enfermedad que se propagó rápidamente afectó con gran facilidad a los nativos de los andes peruanos.

Dentro de este extracto de Tradiciones Peruanas del reconocido costumbrista peruano Ricardo Palma se narra la historia del descubrimiento de las propiedades curativas de la quina:

“Atacado de fiebres [por la malaria] un indio de Loja llamado Pedro de Leyva, bebió para calmar los ardores de la sed del agua de un remanso, en cuyas orillas crecían algunos árboles de quina. Salvado así, hizo la experiencia de dar de beber a otros enfermos del mismo mal [en] cántaros de agua en los que depositaba raíces de cascarilla [o quina]. Con su descubrimiento vino a Lima y lo comunicó a un jesuita, el que, realizando la feliz curación de la virreina, hizo a la humanidad mayor servicio que el fraile que inventó la pólvora” – Los polvos de la condesa

Doña Francisca Henríquez de Ribera, Condesa de Chinchón y esposa del décimo cuarto virrey del Perú, Luis Fernández de Cabrera, fue atacada por la fiebre de la malaria y curada oportunamente por un jesuita como describe el relato. Como era de esperarse, tras este suceso la corteza del árbol adquirió gran popularidad en Europa, su uso se hizo cotidiano y fue utilizado por médicos, exploradores, viajeros y soldados en las guerras. Debido a la comercialización a gran escala su desaparición era inminente. La mayor parte de árboles eran talados y a otros se les desprendía de su corteza. La malaria era combatida en todo el mundo gracias a esta corteza sanadora de amargo sabor.

La gran fama que tenía el árbol de la quina fue también la que la puso al borde de la desaparición. La BBC detalla que las anotaciones de Alexander Von Humboldt revelaron que en el año 1805 aproximadamente 25 mil árboles de quina fueron talados solo en la provincia ecuatoriana de Loja. “Es un árbol en extinción y ni siquiera existe un inventario de los que quedan” declaró para la agencia inglesa Alejandro Gómez, ingeniero del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).

La gran popularidad del árbol de la quina atrajo a personas inescrupulosas que exportaban desmedidamente la anhelada corteza. Para el siglo XIX la malaria ya era una enfermedad que se había salido de control, por lo que los ingleses introdujeron el árbol en la India y los holandeses en Indonesia. Del mismo modo, se hicieron grandes plantaciones en el territorio asiático, de tal modo que Asia se ha consolidado como el continente con mayor cantidad de árboles de quina en el mundo.

No es hasta después de la segunda guerra mundial que se desarrollan medicinas sintéticas que reemplazan a la quina logrando disminuir el número de árboles talados, lo que constituyó una oportunidad para salvar esta especie.

En el Perú existe un patriotismo que se reaviva durante fiestas patrias, sin embargo muchas veces es un orgullo superficial. Comprender la importancia que tuvo el árbol de la quina para el mundo debe ser motivo de reflexión. El olvido en el que se ha dejado a este emblemático árbol es un hecho desalentador. Hay tanta verdad en esto que incluso la representación de la quina en el escudo nacional ni siquiera está bien dibujado. El árbol de la quina representa más que la diversidad de flora, representa a los nativos, al virreinato, nuestras costumbres y tradiciones, representa a los peruanos.

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