LA CIUDAD Y LOS PERROS: DE LA OBRA LITERARIA A UNA REALIDAD LATENTE

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LA CIUDAD Y LOS PERROS: DE LA OBRA LITERARIA A UNA REALIDAD LATENTE
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Mientras leía la obra “La ciudad y los perros”, recordaba los argumentos que solían explicar el alistamiento de muchachos a las escuelas militares o al servicio militar. En mi vida personal según recuerdo, alguien cercano a mí fue reclutado al ejército dada su excesiva rebeldía. Al fracasar todos los intentos por corregirlo, la única opción fue que sirviera al ejército. En casos similares conocí el porqué los padres enviaban a sus hijos a las escuelas militares. Se creía que esos lugares podrían corregir y cambiar la conducta de los jóvenes y cortar con la posibilidad de que no se pierdan en los malos vicios. Y es justamente lo que se aprecia cuando el Teniente Gamboa en la obra de Mario Vargas Llosa señala las razones por las que los alumnos llegan al colegio militar Leoncio Prado:

-No vienen al colegio por su voluntad – dijo Gamboa.

– Eso es lo malo.

-Sí – dijo Calzada- Se sienten civiles.

-Nos confunden con los curas, a veces -afirmó Huarina- Un cadete quería confesarse conmigo, quería que le diera consejos. ¡Parece mentira!

-A la mitad los mandan sus padres para que no sean unos bandoleros – dijo Gamboa- Y a la otra mitad, para que no sean maricas.

-Se creen que el colegio es una correccional – dijo Pitaluga, dando un golpe en la mesa.

– En el Perú todo se hace a medias y por eso todo se malea. Los soldados que llegan al cuartel son sucios, piojosos, ladrones. Pero a punta de palos se civilizan.

Cada ingresante no solo entra con un equipaje material sino también con una historia detrás, que lo diferencia del resto. Esas historias encierran las verdaderas razones por las cuales son reclutados. Dentro de la escuela ya es una fusión de costumbres, conflictos por la supervivencia y dominio.

El maltrato físico y psicológico es la herramienta de corrección y formación para los tenientes responsables de cada grupo de alumnos. En su justificación de formar el carácter, hacen un mal uso de prácticas que solo conllevan a que se crea que la masculinidad es el reflejo de la fuerza bruta y resistencia física. No hay duda de que en algunas circunstancias el entrenamiento físico es necesario para la supervivencia. No obstante, no debería llegarse a extremos, utilizarse el maltrato ni exponer la vida de los aprendices.

No sentir miedo y ser “macho” es lo que se necesita para sobrevivir dentro de una escuela militar para el personaje de la obra Alberto “el poeta”. Y relacionándolo a la realidad es el mismo pensamiento que manejan los estudiantes en las escuelas del ejército.

Dice Alberto- Todo el mundo sabe que tienes miedo. Hay que trompearse de vez en cuando para hacerse respetar. Si no, estarás reventado en la vida.

– Yo no voy a ser militar.

– Yo tampoco. Pero aquí eres militar aunque no quieras. Y lo que importa en el Ejército es ser bien macho, tener unos huevos de acero, ¿comprendes? 0 comes o te comen, no hay más remedio. A mí no me gusta que me coman.

– No me gusta pelear – dice el Esclavo- Mejor dicho, no.

– Eso no se aprende – dice Alberto- Es una cuestión de estómago. – El teniente Gamboa dijo eso una vez. – Es la pura verdad, ¿no? Yo no quiero ser militar pero aquí uno se hace más hombre. Aprende a defenderse y a conocer la vida.

Sólo en este año se pudo conocer casos que el abuso de poder, el maltrato y el entrenamiento irracional conllevó a la muerte de cuatros militares en la playa Marbella y la muerte de un militar que aparentemente según el ejército fue a causa de un paro cardiaco pero que la necropsia decía todo lo contrario.

No hay duda de que existan abusos internos y en el caso de los militares fallecidos de que se suela esconder la verdad por intereses personales e imagen de la institución. Quedando estos casos a una noticia más y una emoción de impotencia momentánea. Esto es una realidad que los aspirantes a ser militares tienen que enfrentarse y callar, porque justicia al parecer no existe en estas instituciones.

En la obra también se puede percibir como la institución actúa ante la muerte de un alumno y para no dañar la imagen de la institución se da otra versión, que son apreciadas por el coronel en sus órdenes.

-¿Le hizo preguntas? -El coronel arrugó la frente-. Ese Juanes siempre está metiendo las narices en todo. ¿Qué le dijo?

-No le di detalles. Le expliqué que había muerto un cadete, sin indicar las circunstancias. Y le indiqué que habíamos encargado una corona en nombre de la Asociación y que debían pagarla con sus fondos.

-Ya vendrá a hacer preguntas -dijo el coronel, mostrando el puño.

– Todo el mundo vendrá a hacer preguntas. En estos casos siempre aparecen intrigantes y curiosos. Estoy seguro que esto llegará hasta el ministro. El capitán y los tenientes lo escuchaban sin pestañear. El coronel había levantado la voz; sus últimas palabras eran gritos.

-Todo esto puede ser terriblemente perjudicial -añadió- El colegio tiene enemigos. Es su gran oportunidad. Pueden aprovechar una estupidez como ésta para lanzar mil calumnias contra el establecimiento y, por supuesto, contra mí. Es preciso tomar precauciones. Para eso los he reunido. Los oficiales acentuaron la expresión de gravedad y asintieron con movimientos de cabeza.

-¿Quién entra de servicio mañana? -Yo, mi coronel -dijo el teniente Pitaluga.

-Bien. En la primera formación leerá un Orden del Día. Tome nota. Los oficiales y el alumnado deploran profundamente el accidente que ha costado la vida al cadete. Especifique que se debió a un error de él mismo. Que no quede la menor duda. Que esto sirva de advertencia, para un cumplimiento más estricto del reglamento y de las instrucciones, etc. Redáctela esta noche y tráigame el borrador. Lo corregiré yo mismo.

Esta es la razón por la que muchos jóvenes no quieren hacer el servicio militar de forma voluntaria, ya que las medidas de corrección en forma de violencia y maltrato es conocida por la sociedad. Pero aún hay un sector dentro de nosotros que sigue creyendo que esa es la manera de corregir y confían en estas instituciones. Y el conocer casos de los mismos cadetes y familiares sobre la forma de instrucción, me pregunto si ¿es necesario tanto maltrato en la formación militar?

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