EL LEGADO ARTÍSTICO DEL GRAN “BARDO INMORTAL”

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EL LEGADO ARTÍSTICO DEL GRAN “BARDO INMORTAL”
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Las recientes fiestas patrias nos han permitido como portadores oficiales de la blanquirroja, rendirle un ensalzado homenaje a todo lo nuestro, sean los platos típicos, la cultura andina, los símbolos patrios, las fuerzas armadas y, dicho sea de paso, la independencia.

Pero también hay un aspecto muy importante que me tomo la molestia de resaltar entre todo aquello que nos pertenece y nos hace únicos, me refiero específicamente a la música criolla peruana, aquel idioma tan peculiar que describe nuestra sociedad a la perfección.

Descubrimos que no sólo el 31 de octubre se les rinde homenaje a las grandes voces intérpretes del criollismo peruano, sino que, además, en julio existe una fecha muy importante que es motivo para una digna celebración y reconocimiento a este excelentísimo género musical, debido a los logros de un personaje que revolucionó y popularizó el criollismo e hizo posible su difusión en el extranjero. Se trata de Felipe Pinglo Alva, llamado también “El Bardo Inmortal”, un gran exponente de la música criolla, nacido en Barrios Altos un 18 de Julio de 1899.

Cuando se ahonda en la investigación y el deleite de la trayectoria de este personaje, se descubre por qué realmente es tan reconocido. Pues “El Bardo inmortal” aportó de alguna manera en su entorno musical, y a todo ello, hay que reconocerle, el lugar de donde este maestro del criollismo procede –Barrios Altos–, que resultó ser la cuna de la música criolla.

Felipe Pinglo Alva es uno de los criollos más importantes del siglo XX que nos dejó un valioso legado aproximado de 300 canciones y una cultura musical mucho más elaborada y novedosa para su época. En la actualidad, artistas de esta escena continúan el modelo rítmico propio de este personaje que no solo incursionó en el vals o polka criolla, sino que también revolucionó su entorno musical mediante la fusión de su estilo con armonías provenientes de otros ritmos internacionales de moda, como el “Tango argentino” y el “One-Step”.

Reconocer la importancia de Pinglo Alva en la música criolla significa tomar absoluto interés en la vida cotidiana de este intérprete, puesto que sus temáticas musicales fueron producto de pasajes melancólicos, injusticias sociales y angustias debido a los males físicos que afrontó hasta su último día de vida.

Es destacada la lucha incansable que Felipe Pinglo Alva ejerció para hacer valer la música criolla ante cualquier otro género foráneo o extranjero que estaba tomando popularidad en Lima durante la época en la que “El Bardo Inmortal” se desarrolló como músico.

Si pudiésemos nombrar de otra manera a este magnífico exponente, lo más apropiado sería “El Plebeyo”, título de uno de sus temas más populares que describe una de las significativas facetas de Pinglo Alva, enlazada con el pasaje de su amorío dramático que dio origen a este vals.

Existen dos historias que se prestaron para la creación de esta pieza musical, la primera adjudicaba el drama a Luis Enrique Rivas, un tejedor de canasta que vivía en la parte baja del Cerro San Cristóbal. Otra versión, en la que concordaron muchos amigos del compositor, es que el drama de Luis Enrique fue el propio drama vivido por Pinglo entre 1921 y 1923, cuando se alejó de los Barrios Altos para hacer una vida bohemia en La Victoria.

Dicen que allí se enamoró de Gianina, bellísima hija de 17 años del industrial italiano Zuccarello. El compositor era correspondido, motivo por el cual los padres de la joven la enviaron a Italia, a vivir con sus abuelos en Florencia.

Al margen de estos y otros comentarios al respecto, “El Plebeyo” planteó un drama social porque Luis Enrique, el personaje principal, era el plebeyo que amaba a una aristócrata, pero su amor era condenado por la sociedad:

“Mi sangre, aunque plebeya también tiñe de rojo / el alma en que se anida mi incomparable amor / ella de noble cuna y yo, humilde plebeyo / no es distinta la sangre ni es otro el corazón / Señor, ¿por qué los seres no son de igual valor?” (vals, El plebeyo).

Muy aparte de esta popular tonada que le dio un renombre a Pinglo Alva, múltiples son las facetas que presenta la obra de “El bardo Inmortal”. Por ejemplo, el compositor dedicó hermosos versos a las flores y heridas de amor en temas como: “Llegó el invierno”, “Bouquet”, “Decepción”, “Celos”, entre otros.

Llegó el invierno con sus rigores / las bellas flores a hacer sufrir / ellas marchitas llenas de pena / al fin tuvieron que sucumbir / las azucenas leales y bellas / a los claveles vieron morir / y las magnolias se deshojaron / llorando a solas su triste fin” (Llegó el invierno – One Step).

Barrios Altos también fue una fuente de principal de inspiración para Pinglo, puesto que sus calles y personajes dieron vida a temas como “De vuelta al barrio”, “Rosa Luz” o “Linda Morenita”.

“Ha muerto doña Cruz / que juntito al solar / se solía poner / a realizar sus ventas /al atardecer, de picantes y té / Ya no hay los picarones / de la buena Isabel / todo, todo se ha ido / los años al correr” (De vuelta al barrio – vals).

La discrepancia entre clases sociales en donde los sectores acomodados les cerraban las puertas a los grupos de escasos recursos también fue motivo para que Felipe Pinglo Alva denuncie la problemática social mediante el tema “El canillita”.

“Si muchos de nosotros auscultar pudiéramos / la verdad cruel y triste de este diario luchar / viviendo en un instante de mortal desengaño / compráramos los diarios para otorgarle el pan” (El canillita – vals).

Su habilidad para la composición era extraordinaria y su imaginación inagotable, ya que este músico demostró tener una habilidad estupenda para la creación de letras y melodías referente a lugares que nunca conoció. Entre las composiciones más simbólicas de esta faceta están: “Bello Hawái”, “Zacatecas”, “El espejo de mi vida”, “Paraguaya” o “Sueños de opio”; controvertido este último, pues no se sabe si fue inspirado en vivencia ajena o propia.

“Droga divina, bálsamo eterno / opio y ensueño dan vida al ser / aspiro el humo que da grandezas / y cuando sueño, vuelvo a nacer ” (Sueños de Opio – vals).

Finalmente, este gran músico tuvo una faceta que le torturó hasta sus últimos días de vida y aquella etapa fue la desesperación por escribirle una canción a su amada Hermelinda.
En 1925 conoció a Hermelinda Rivera Urrutia, a los 17 años de edad, con ella se casó el 11 de mayo de 1926 en la iglesia San Francisco. Poco tiempo después nacieron Carmen y Felipe. Felipe Pinglo Alva se consideraba realizado, como padre de familia y como compositor.

Hermelinda Rivera había sido novia del también compositor Alberto Condemarín y cuando ésta se casó con Pinglo, Condemarín le compuso el vals “Hermelinda” que rápidamente se hizo popular y actualmente es uno de los clásicos de la música criolla. Pinglo, herido en su amor propio por la hermosa composición de Condemarín, deseaba escribirle a su esposa un vals que fuera popular también. Se dice que en muchas ocasiones Pinglo empezó a delinear los primeros versos y acordes de su vals para Hermelinda, pero luego los borraba. Dicha pieza mantuvo preocupado al Maestro hasta el final de sus días.

Tres días antes de morir, Pinglo terminó de escribir la que sería su última canción, el vals “Hermelinda” dedicado a su esposa. Las fuerzas ya no le daban para ponerle música por lo que le encargó a su esposa entregarlo a Paco Vilela o Pedro Espinel para ser musicalizado. Hermelinda Rivera no quiso dar a conocer esta última composición y por haberlo mantenido guardado por tantos años, no es muy conocido.

Felipe Pinglo Alva falleció a los 37 años realizando lo que más amaba en la vida. Este reconocido compositor nos dejó una gran herencia musical, un espacio mucho más formado que permitió el desarrollo popular de la música criolla durante su corta pero exitosa vida y posterior a ésta.

A 81 años de su muerte, es importante valorar los aportes de Pinglo Alva, porque hay que reconocer su lucha por darle el merecido lugar a su entorno musical en una época donde los ritmos internacionales ganaban mayor terreno dejando despojada de su espacio a la música criolla. Es por ello que las composiciones de este egregio peruano merecen nunca ser olvidadas.

18 de Julio ya pasó, y pasó por nuestros ojos sin ser resaltada como debe ser. Aunque se celebre una gran fiesta en honor a la música criolla los últimos días del mes patrio, “El Bardo Inmortal” vivirá en cada uno de nosotros hasta que cojamos un boleto al otro mundo.

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