EL ARTE EN LA TECNOLOGÍA

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Así como el ser humano se ha adaptado a los avances tecnológicos y científicos, el arte también lo ha hecho. Allá por mediados del siglo XX apareció un tipo de cine que no era cine, una pintura en movimiento, una producción audiovisual que no encajaba en ninguna de las estructuras. El arte ya no podía estar encancerado en un lienzo o congelado en una fotografía, ahora necesitaba movimiento, es por ello que en 1963, en Estados Unidos y Europa, surgió el videoarte.

Pero, ¿qué es videoarte? Nadie lo sabe, definirlo sería un error. Ni siquiera se podría asegurar que ese sea su apelativo correcto, algunos artistas prefieren llamarlo solo video porque consideran que la denominación videoarte es redundante.

Muchos lo relacionan con el cine de autor o con el cine experimental, pero no se le aproxima, éstos últimos necesitan de un recorrido generativo tradicional para narrar su historia, en cambio el videoarte es una grabación de carácter documental que no tiene limitaciones. Es una expresión artística libre y sin obstáculos que siempre toma una actitud crítica ante la situación que expone

Salvador Dalí es considerado el precursor de este movimiento artístico con su obra “Caos y creación”(Chaos and Creation), en la que el pintor español parodia el arte de Piet Mondrian y El Bosco.

En Latinoamérica, esta tendencia llegó a la par con los países de primer mundo, es decir, entre 1960 y 1970. Sin embargo, en países como el Perú, el videoarte empezó a ser conocido a finales de los años 90 con el Festival Internacional de Videoarte Electrónica. Al aparecer, en medio de dictaduras y crisis económicas, el videoarte en Latinoamérica abordó problemáticas ligadas a eventos políticos y sociales.

Tal es el caso de “La bandeja de Bolívar”, una composición audiovisual realizada en 1999 por Juan Manuel Echavarría, artista colombiano que se ha preocupado constantemente por la situación política y social que aqueja a su país. El video está conformado por diez fotografías acompañadas de sonido y se puede distinguir el proceso de fraccionamiento de una bandeja hasta quedar hecha polvo. En la réplica de la bandeja de porcelana que Simón Bolívar encargó para la conmemoración de la independencia colombiana se puede leer: “República de Colombia para siempre”.

En el video, Echavarría ataca al principal causante de la crisis colombiana: el narcotráfico. Evidencia una patria resquebrajada que ha perdido su honor por la cocaína y continúa enmarcada en desigualdades sociales y en la guerra contra el flagelo de las drogas.

Desde el principio hasta el final, el video pone en evidencia la transición de una nación unificada, soberana e independiente, a una desintegrada por las drogas. Todo esto se logra transmitir en tres minutos y catorce segundos, sin el uso de diálogos, movimientos de cámara, planos u otros elementos de la producción audiovisual tradicional.

En el Perú, hay representantes como Roger Atasi, quien se encarga de “piratear” videos. Su trabajo consiste en construir un nuevo video a partir de archivos o falsos archivos. Entre sus trabajos más resaltantes se encuentran Covers / Portraits, Hacia el sur y Prohibido de hacer. “Él no se preocupaba por buscar una imagen perfecta o si el monitor que utilizaba era viejo, siempre que sus ideas y los espacios que construyese se relacionaran bien”, señala ATA (Alta Tecnología Andina), una organización cultural no gubernamental sin fines de lucro que se encarga de difundir la cultura apoyada en la tecnología en el Perú y el resto de América Latina.

Los artistas latinoamericanos que se dedican a este formato consiguieron independizarse del pensamiento europeo o norteamericano debido a la falta de acceso a las colecciones de creadores audiovisuales como Andy Warhol, Matthew Barney y Nam June Paik; por ello, los videoartistas latinos como Eder Santos (Brasil), Brooke Alfaro (Panamá) y Ximena Cuevas (México) han logrado intimar y proyectar la realidad de sus países con naturalidad.

En un mundo digitalizado, donde la comunicación audiovisual cada vez va ganando más terreno, el arte necesitaba adecuarse a las nuevas tendencias, porque aunque el videoarte inició el siglo anterior, es durante el periodo actual donde se ha llegado a la democratización de su uso.

Para realizar este movimiento artístico no se necesita un equipo costoso, una plataforma propia de difusión o patrocinadores, solo hace falta una mente ingeniosa y una conexión a internet.

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